Caos, frustración y disfuncionalidad social en Mirando al cielo

Henry A. Petrie

Mirando al cielo es la primera novela que integra el libro Sombras de la guadaña, de Alberto Juárez Vivas (León, Nicaragua, 1964). La componen 14 capítulos para un total de 58 páginas. La historia se construye a partir de una conversación entre un joven (Evaristo) y un adulto mayor (don José).

Se desarrolla en dos planos: primero, la conversación de don José y el joven Evaristo, en la que se da cuenta de la borrachera que culmina con la muerte de un niño de cinco años, Maycol; segundo, las historias subyacentes que surgen como parte de la dinámica grupal alcohólica, contadas por los mismos personajes o bien, mediante otras voces narrativas que están fuera del contexto y escenario donde se desarrolla la acción principal.

Existe variedad de narradores que aportan un ritmo acelerado. El narrador principal es un testigo que, como no lo sabe todo, intervienen otras voces narrativas. En la conversación, don José cuenta la historia central de un día hasta el amanecer: la borrachera, sus incidencias y el desenlace fatal.

En un poco más de 50 páginas, a la historia principal se entretejen otras subyacentes. Don José, el adulto que conversa con el joven Evaristo, da cuenta del mundo de La Casona, donde confluyen astillas de vidas para celebrar hasta el sin motivo, todos los fines de semana desde viernes, en desenfrenadas borracheras.

Aquel día se convocaron los fieles de La Casona para presenciar un partido de fútbol europeo, el que finalmente quedó en el limbo porque fue desplazado por las pláticas caóticas, las competencias de tragos, las historias que surgieron y por los recuerdos de amores pasados. El ambiente exigió música a alto volumen y la cantidad de tragos suficientes para llevarlos al éxtasis o a la inconsciencia. Al final, Maycol, un niño de cinco años, resultó abusado por el Yanqui, que en su borrachera se le durmió encima, asfixiándolo, quedando «con sus ojitos bien abiertos, mirando al cielo» (p. 70).

Las otras historias, que en sí misma podrían ser esbozos de otras novelas cortas, entre las más desarrolladas se encuentran: el suicidio de Ixel por envenenamiento (ps 28-32) al creerse traicionada por el novio, narrada por doña Juana la tortillera, madre del personaje el Perro; la muerte trágica de una secretaria a causa de una broma laboral (ps 36-38), contada por Culebra, apodo de José Menocal Oporta, contertulio de La Casona.

Entre los contadores de historias se encuentran doña Juana la tortillera, que mientras en su puesto de trabajo palmeaba la masa para echar al comal, entretenía a sus clientes con historias que los cautivaban. También destaca la Culebra, o José Menocal Oporta, quien naciera justo en el momento que se incendió el Santuario de Nuestro Señor de los Milagros y que aprendió a leer sin ir a la escuela.

Todos los contertulios de La Casona tienen sus historias de dolor, tragedia o angustia. Son el reflejo de una sociedad disfuncional, agrietada y enferma desde sus bases. Los desgraciados se reúnen para compartir historias en un círculo etílico, alejándose del mundo que los niega. Si bien la sociedad ha sido construida por el ser humano, también es cierto que esta, en su proceso de formación y concentración, ha venido corrompiendo y destruyendo a importantes segmentos de seres humanos, social y psicológicamente vulnerables.

Si los huéspedes de La Casona tienen sus historias por las cuales llorar y emborracharse, también la anfitriona y líder del grupo, Silvia Estrada Poveda, alias Comadrona. Su decepción amorosa la condujo al alcoholismo crónico y al sin sentido de la vida. Don José cuenta su historia con cierto tono melancólico.

Mirando al cielo tiene una atmósfera de caos, vacío y disfuncionalidad social: «como caminar en la espesura del abismo, sin retorno» (p 70). El conflicto tiene centro en las frustraciones que derivan en proceso autodestructivos. Su final es apocalíptico, la infancia se malogra, se desvanece en el mundo adulto socialmente enfermo, entre despojos humanos descompuestos.