La vida real del loco Sixaola

Yahala Yaslit González Tapia /
Docente

Sixaola todo el tiempo ha vivido con su amigo fiel, Ranger, siempre lo ha acompañado; él, desde hace muchos años, ha estado alejado de la realidad.

De cuando niño fue muy solitario que sufrió el desamor de sus padres.

Su madre era una mujer hecha a la antigua, solo se dedicaba a atender al marido y al hogar, jamás se preocupó por darle un gesto de cariño o amor a su hijo, pensó que con un hijo varón así debía ser su trato.

El padre, según él, trabajaba para mantener el hogar. Por esta razón llegaba a casa muy cansado, sin tiempo para relacionarse con su hijo.

Sixaola, por el temor a sus padres, jamás les dijo lo que él sentía y hacía.

Con el paso del tiempo, la madre y el padre de Sixaola, comenzaron a notar un cambio radical en él, su comportamiento no era normal, cuando estaba pequeño no hablaba con nadie, no se reía, no protestaba por nada. Pero un día comenzó a carcajearse como loco, en su rostro hizo gestos extraños, caminaba de un lado a otro y solo trataba con los animales, como si estos le entendieran. Se encerró en su mundo, donde sentía que podía decir y hacer lo que deseara, sin pensar o analizar su comportamiento como una persona normal.

No era agresivo, pero a sus padres comenzó a disgustarle su comportamiento y decidieron alejarlo de su hogar, enviándolo al fondo de la finca, donde a partir de ese momento vivió. Ahí, el padre construyó un rancho de palmas de coco, y se alojó con su perro inseparable, Ranger.

Al comienzo la madre lo acompañaba, pero después ya no. El padre se sentía decepcionado, porque pensó que en un futuro su hijo Sixaola se hiciese cargo de la finca. Ambos padres se alejaron de él.

Jamás se preguntaron por qué Sixaola había cambiado tanto, no buscaron ayuda profesional para darse cuenta del estado en que se encontraba.

Y continuó pasando el tiempo, hasta que los padres de Sixaola llegaron a viejos, necesitados de atenciones y cuidos. Pensaron en el hijo, pero la vida los castigó de la misma manera que ellos lo habían hecho con él.

 

Masaya, 12 mayo 2015.

(La autora de este cuento participó en el curso 2015 de la metodología Leo, comento, imagino y creo (LCIC), implementada por Visión Mundial Nicaragua y Acción Creadora Intercultural (ACIC). Ubicada como docente en la Escuela Camilo Zapata, de la comunidad Campuzano. Este cuento ya cumplió cuatro años de haber sido escrito).