El sol brillará para mí

Erenia del Carmen Vargas /
Docente

María era bondadosa, iba de comunidad en comunidad, tratando de ayudar y de fortalecer a las mujeres que sufrían maltrato familiar.

Un día recorrió las orillas de la Chureca, observó a lo lejos a una joven mujer pensativa; se acercó a ella y observó que su ojo derecho estaba azulado, casi cerrado.

—Hola, ¿podrías ayudarme? Estoy desorientada, no encuentro la salida –preguntó María.

La joven, tratando de esconder las señas en su rostro, respondió:

—No sabría ayudarla.

Se levantó y dio la vuelta, caminando sin rumbo. María la siguió.

—Quiero ayudarte, si tú me dejas. ¿Sabes? Somos seres importantes, no por lo que tenemos, sino por lo que somos.

La joven continuó caminando y entre dientes respondió:

—Nadie puede ayudarme.

—¿Estás segura? Confía en mí.

—¿Por qué tendría que hacerlo? No la conozco. Podría empeorar mi situación.

—Tu voz vale, deja de callar. Sos la única que podés liberarte de esas cadenas con dos palabras: ¡Basta ya!

La joven mujer se fue más pensativa. Era de noche cuando entró a su casa. Se acostó y sus pensamientos dieron vueltas y vueltas hasta que se quedó dormida. Escuchó una voz angelical: Tú puedes cambiar tu destino, yo soy tu fortaleza.

Al levantarse, sus ideas estaban claras.

—Romperé el silencio. El Sol brillará para mí –se dijo así misma.

Masaya, 16 abril 2015.
(La autora de este cuento participó en el curso 2015 de la metodología Leo, comento, imagino y creo (LCIC), implementada por Visión Mundial Nicaragua y Acción Creadora Intercultural (ACIC). Ubicada como docente en la Escuela Sagrado Corazón de Jesús, de la comunidad Planes del Arenal, Masaya. Este relato ya cumplió cuatro años de haber sido escrito).