La noche de los gritos

Yahala Yaslit González Tapia /
Docente.

Un fin de semana, a eso de las diez de la noche, todo estaba silencioso cuando nos disponíamos a dormir; de un momento a otro se oyeron gritos desesperados. Todo estaba oscuro. Nosotros y algunos vecinos salimos aprisa con cierto alboroto, ciertas personas aparecieron con sus ojos enrojecidos por el sueño.

Nos preguntamos de dónde procedían los gritos, pensamos que estaban matando a alguien; algunas viejas que solo piensan en mal, dijeron que de seguro querían violar a alguien, quizá a una mujer de la calle.

Tardamos un buen rato en el camino y no supimos de donde surgían los gritos. No pedían auxilio, solo gritaban y gritaban.

A la mañana siguiente, los gritos fueron el desayuno del día, ¿Quiénes gritaban? ¿Por qué gritaban? La policía se presentó en la casa de la vecina Rumilia, nos acercamos a averiguar. De la camioneta de la policía bajó Jorge, el novio de Gina, una de las hijas de Rumilia, quien iba acompañado de su madre y un hermano. El muchacho estaba maltratado y nosotros no entendíamos nada, porque aquellos gritos que se escucharon eran femeninos.

Doña Juana era la suegra de Rumilia, pese a que vivían a dos cuadras no se llevaban bien, en cuanto no más observó el vehículo policial en casa de su nuera, se dirigió inquieta para averiguar de qué se trataba, como para abonar a su repertorio de diretes en contra de Rumilia.

—¡Pobre muchacho! Anoche le dieron sopa de muñeca –y soltó grandes carcajadas irónicas doña Juana, y se fue.

Fue hasta que salió doña Toña, madre del novio de Gina, que las cosas se aclararon.

Gina tenía otro enamorado y quiso librarse de Jorge. Le comunicó que ya no quería más nada con él, pero este insistía hasta hastiarla y amenazó con acusarla ante su madre. Gina, determinada, se puso de acuerdo con sus hermanas para propinarle una paliza al novio obcecado. Tomaron garrotes y le dieron una tunda en medio de un griterío que ellas mismas proliferaron, como si fuese a ellas que le dieran. El muchacho, respetándolas, no se defendió.

Masaya, 09 abril 2015.

(La autora de este cuento participó en el curso 2015 de la metodología Leo, comento, imagino y creo (LCIC), implementada por Visión Mundial Nicaragua y Acción Creadora Intercultural (ACIC). Ubicada como docente en la Escuela Camilo Zapata, de la comunidad Campuzano. Este cuento ya cumplió cuatro años de haber sido escrito).