Asesinato fantasma

María Belén Reyes Marín /
7mo grado

Un día, Don Conejo se fue de paseo a la selva, porque quería visitar a su viejo amigo el topo; de camino hizo una parada en un hotel para pasar la noche. Los huéspedes dormían tranquilamente, cuando en eso se escuchó un grito. Era Don Alce, todos salieron sorprendidos de sus habitaciones y vieron que estaba muerto.

Llegó la policía para ver quién lo había matado, interrogaron a los presentes, pero tenían una cuartada. Faltaba Don Tigre, hacia quien apuntaban las investigaciones, pero se negaba de todo.

Temprano habían discutido:

—¡Yo no fui! –gritaba Don Tigre–. Él era mi amigo.

Ya lo llevaban preso, cuando apareció un testigo clave, Don Conejo, que declaró a la policía que, al salir de su cuarto a tomar agua, vio a Don Alce pelear con un mosquito, resbaló y su cabeza pegó en la mesa de la entrada y ahí quedó inconsciente. Por miedo entró a su cuarto y no dijo nada. Ahí quedó develado el misterio de Don Alce.