Naujlegna Wangki:  cuatro nombres y una identidad


«Cada roca tiene un cuento escrito en su cara arrugada y curtida por los elementos, y los cuentos son verdaderos… Cada brizna de hierba, cada hoja de árbol y arbusto tienen un susurro para los oídos que la escuchan». (Palabras de despedida del Rishi: Cox Molina, Avelino, El vuelo del alma, cosmovisión miskitu, 1ª ed., URACCAN, Managua, 2011, 168p.)

Pedro Alfonso Morales

La antroponimia u onomástica antropológica es la ciencia que se ocupa del origen y los significados de los nombres y apellidos que representan la identidad de las personas y sus variados caracteres en la vida en la sociedad nicaragüense o universal.

El nombre es la primera identidad de los seres humanos. Quien pone un nombre lleva consigo o trata de llevar algo de historia de la comunidad o la sociedad, la moda o las creencias, la cosmovisión o la filosofía, la poesía o el cuento de la familia y su propia evolución.

En la universidad de León ─mientras compartía el tema del libro y su importancia para la juventud─ conocí a Naujlegna, joven jinotegana que recién estudia medicina en la UNAN, carrera que escogió después que la operaron de las amígdalas a sus diez años de edad.

Me sorprendió primero con sus preguntas y su inquietud juvenil. Después con su nombre que no atiné ni pronuncié correctamente. ¿Qué se siente ser un escritor nicaragüense? ¿Qué obstáculos ha tenido como escritor? ¿Qué le diría a alguien para motivarlo a escribir?

Vea, le dije, ¿cómo es su nombre? Naujlegna, respondió así nomás ¿Cómo? No entendí nada ni una letra del nombre. Yo he sido feliz con la literatura, la música y la docencia. Esas tres cosas me han hecho un hombre feliz en la alegría y la tristeza. Tres cosas en una: felicidad.

A los cinco años mi madre me contó cuatro cuentos orales. A los diez mi primo Armando me contó los cuentos de Tío Coyote y Tío Conejo. A los quince escribí mi primer cuento; a los 19 aprendí la guitarra y escribí canciones y luego poesía, cuentos; a los 27 me hice docente.

Ahora bien, seguí diciéndole, el peor obstáculo es uno mismo. Pero yo he tenido mucha suerte: he logrado más de lo que merezco en la vida. He hecho cosas que ni yo mismo sabía que podía hacerlas. Es increíble lo que uno puede hacer con dedicación y disciplina.

En el fondo ─le dije con ánimo de que todos comprendieran que nada cae del cielo─ todo es resultado del esfuerzo, el entusiasmo, la responsabilidad, la disciplina y el trabajo que uno quiere hacer y hace con apasionado sentir. ¿Ustedes quieren ser médicos? ¡Hipócrates!

¿Saben quién es Hipócrates? ¿Conocen el Juramento Hipocrático? ¿Ya fueron al hospital y vieron cómo se curan a los enfermos?  Sepan que no se trabaja por salarios ni pensando en lo que ganaré. Nunca vean dinero en las vísceras de un enfermo, en su tos o paludismo.

Ahora bien, si alguien de ustedes quiere escribir, escriba. Antes de hacerlo debe leer, investigar, curiosear, y dudar. La duda metódica de René Descartes. El libro es un invento que no pasa de moda. El libro nos enseña a pensar e imaginar. Y yo les apoyaré con gusto.

¿Ya pensaron qué nombre llevará la revista médica que publicarán en esta universidad? ¿Quién será el director, los articulistas, los fotógrafos, el diseñador? Nunca olvidaré a la poeta y médica Mecker Moller dirigiendo «El Galeno» y haciendo su programa de radio los domingos.

¿Cómo es su nombre?, pregunté otra vez. Naujlegna, me dijo y me confundió más escucharlo. Tiene un nombre enredado, me dijo la profesora Sobeyda Peñalba, quien miraba mi angustia por aprenderme el nombre de la joven, cuya madre es de origen caribeño.

Otra joven me consultó por La pregunta de los pañuelos, un cuento de León es hoy a mí… ¿Eso le pasó a usted?, me preguntó. Los lectores a menudo confunden al autor con el escritor, el narrador y el personaje. No, no me pasó a mí, le dije. ¿Quién es quién en la historia?

Son cuatro personas distintas y un solo cuento verdadero. El autor piensa, vive o protagoniza la historia. El escritor la escribe: a veces la piensa o se la dictan. El narrador es la máscara, el disfraz o la voz ficta para contar la historia. El personaje baila la mona: actúa.

El argumento del cuento es sencillo: un hombre y una mujer se roban el mandado, mientras marido y hermano luchan en la guerra del 80. Un día volvió el marido y los halló en la maturranga. Él se lanzó por la ventana, pero volvió a casa a preguntar por los pañuelos olvidados.

Una historia que le pudo ocurrir a cualquiera. Una historia repetida desde David y Betsabé para engañar al tal Urías. Ahora no recuerdo por qué introduje esa breve historia de engaño, pero quería dejar la huella de los horrores de la guerra. Pero no me pasó a mí: la pensé y la escribí.

Luego me consultaron sobre Doctor Honoris Sara, el cuento que cuenta la historia del hombre con sus dos mujeres en casa. Yo tendría cinco años y lo vi en la calle. El hombre venía con las dos damas. ¿Cómo vive un hombre con dos mujeres en casa? Sara reacciona y se libera.

Carlos Johnster Kingsman Martínez es un joven costeño. Le sorprendió haber encontrado cuentos de origen miskitu en Literatura infantil en Nicaragua: estudio y antología. Desde ACIC, pensé, vemos a Nicaragua más integral. Nicaragua no es el Pacífico ni el Norte ni el Centro.

En el libro aparecen dos cuentos sumos: Los cuatro hermanos y El hombre haragán; y cuatro cuentos miskitus: El conejo y el tigre, Un sapo y una garza, Cómo perdió la voz el danto y El Ulak y el hombre. Carlos Johnster estaba encantado y le autografié la obra de su tierra.

Después hablamos de mi último libro que junta dulces, ciencia y filosofía. Alessandro el gran lector italiano me había dicho: este libro no es para niños. No, le dije, es para jóvenes de 15 años o más, pero lectores e investigadores. Requiere de habilidades lectoras e investigadoras.

En efecto, cuando decidí que los personajes de mi último libro publicado, Los dulces piensan en la aventura de la razón (2018), fueran dulces para alejarlo de los lugares comunes de perros, gallos, gallinas, gatos, vacas, caballos, etc., incluí la Plantintá por el Caribe.

La Plantintá es una rica empanada, un postre tradicional del Caribe, cuya base es el plátano maduro con canela y azúcar. La palabra Plantintá tiene su origen en el  inglés Plantain tart y se ha españolizado como Plantintá en la zona caribeña, incluso Jamaica y Colón de Panamá.

¿Qué es la Plantintá?, les pregunté refiriéndome a uno de los personajes del cuento ¡Si pudiera untármela en el dedo!, donde cuento la historia de la risa de Henri Bergson quien se la sacaba a los payasos del gaznate y cambiaba de domicilio cada cierto tiempo.

El cambio de domicilio constante es nada para un personaje común. No para quien escribe y busca las curiosidades y muecas de la risa. No se puede escribir entre el ruido de la gente. Cambiaba de casa para poder escribir la risa y vivir. Escribir es igual a soledad e imaginación.

Este libro sobre ciencia a través de cuentos les ayudaría mucho a pensar. El cuento La fotografía número 51 cuenta la historia de Rosalind Franklin, la descubridora del ADN, y cómo Watson y Crick le robaron el hallazgo y hasta el Premio Nobel… Ya empezaron a leerlo.

Naujlegna fue la única que respondió mi pregunta. ¿Qué es la Plantintá? Ella dijo: La Plantintá es una empanada de dulce con base en el plátano maduro que está dentro de una masa de harina… Lo sé, porque mi madre Blanca Isabel es de Bluefields y aunque me gusta el café…

Me despedí con La cabra piquetona que a todos hace reír. La canción es muy nica: me encanta la letra, cuya retahíla fue el primer reguetón de Nicaragua, como bien dice Carlos Mejía Godoy. «De la mano a la teta, de la teta a la leche, de la leche al cubo, del cubo al cuajo…»

También canté por primera vez mi canción: Sabes… La única vez que Ivonne la escuchó me dijo que le recordaba a Los Temerarios. Eso no me gustó por decencia. Entonces le cambié el ritmo a Son Nica… «Antes de conocerte te soñé: habitabas las palabras de mi piel…»

Naujlegna se acercó y me dijo: mi nombre es como mi padre, Ángel Juan, pero leyéndolo al revés. A él le gustaba ese juego y un día descubrió el nombre para su hija. Qué curioso, me dije: casi lo mismo que hice con Gladner, mi muchacha, la hija de Gladys y Agner.

Mi otro nombre es Wangki y me lo puso por supuesto mi madre que es una mujer alegre, hermosa y luchadora como todas las del Caribe. Mi padre es muy independiente y tiene un corazón joven… Wangki en miskitu significa «Sirena del Río Coco».

El significado de la palabra Wangki me quedó revoloteando en la cabeza. Escribí a Fernando Saavedra y me respondió que Wangki significa «grande, enorme». Después escribí a la profesora Verónica Isabel Pineda y me respondió que significa «agua dulce; río Coco».

Una palabra así no me gusta mucho, pues no concibo la duda como parte de su arte. Las palabras deben ser claras y transparentes en el tejido. Volví a la duda metódica de René Descartes. Busqué el diccionario miskitu y tampoco me convenció lo que hallé en su definición.

Leí: «Wangki. N. río Coco. Nicaragua and Honduras wal bilkara awara tara kum. Awalka ba Wilí, Jinotega wina Kip, Karibian Kabuka kat taki wisa. Río fronterizo entre Nicaragua y Honduras que va desde Wiwilí en Jinotega, hasta Cabo Gracias en el Mar Caribe».

En la Biblioteca Artelica «Javier Argeñal Báez» estaba Toponimias indígenas de Nicaragua, obra de casi 500 páginas de Jaime Incer, publicado por Libro Libre de Costa Rica en 1985 e incluye los Ramas-Guatusos, Los Miskitos, Los Sumos, Los Matagalpas, Los Mexicanos.

En la página 148 del libro encontré la nota: WANGKI (Wangki). Nombre miskito del río Coco y de todos los que habitan sus riberas, desde el Bocay hasta su desembocadura. Significa «enorme», «grandioso». Mirá, Descartes, ya no hallé donde buscar más y me convencí.

 

Telica, 15 de mayo de 2019.