Cuando la vida duele

Yessenia María Campos Castro /
Docente

Recostada sobre la cama, escuchando la lluvia caer, Camila dormitaba. Se sentía tan cansada que no deseaba por ningún motivo levantarse.

Desde hacía tres meses que se había convertido en un ser casi imperceptible. Se levantaba como por impulso, como si todo ya estuviera programado en su vida.

Sus amigas se habían dado cuenta del gran cambio que estaba sufriendo, sin embargo, no se animaban a decírselo.

Aquel día lluvioso, Camila no pudo levantarse de la cama, solo deseaba seguir recostada con la mirada perdida, anhelando que Dios tuviera compasión y un día le quitara la vida, ya que ni eso tenía el valor de hacer por ella misma.

Pensando en la muerte se durmió y al día siguiente, aún con peor humor que el de costumbre, vistió su uniforme de cajera y se dirigió al banco, para seguir cumpliendo con su vida monótona. Se sentó en su cubículo, ordenó el dinero con el que trabajaría y abrió la caja.

Su primer cliente, un joven alto, cabello castaño, ojos de miel y de mirada risueña. Al principio no se percató de la actitud del joven, pero luego empezó a causarle molestia. Con amabilidad forzada le pidió que se retirara, que la dejara en paz, que no deseaba entablar ningún tipo de relación con persona alguna, menos con un hombre.

Este, sin sentirse ofendido o despreciado, se despidió de ella, expresándole que volvería al día siguiente, hasta lograr que le regalara su número telefónico.

Así lo hizo. Sin embargo, en vez de lograr que Camila suavizara su trato, sucedió lo contrario, cada día se tornó más ofensiva y lo despreciaba.

Su amiga Daniela, que había observado el trato que Camila daba al joven, se acercó y le llamó la atención, pero su reacción fue peor.

Camila estaba irreconocible, el carácter dulce que siempre la había acompañado ya no era más.

Iracunda y ofuscada abandonó el banco. Llovía a cántaros, mas no le importó mojarse, quizá sintió que la lluvia lavaría sus penas.

Caminando pensaba en lo que había sufrido hacía tres meses, cuando sin proponérselo vio en el parque cercano al hombre que tanto amaba y a quien había entregado sus primeras caricias de mujer, compartiendo muy feliz con su esposa e hijo. El mundo para ella, a partir de aquel día, se detuvo, cambiándole la vida por completo y convirtiéndola en el ser que era ahora.

Granada, 10 junio 2015.

(La autora de este cuento participó en el curso 2015 de la metodología Leo, comento, imagino y creo (LCIC), implementada por Visión Mundial Nicaragua y Acción Creadora Intercultural (ACIC). Labora como maestra en la Escuela Madre Teresa de Calcuta, en la comunidad de Posintepe, Granada. El cuento de la maestra Yessenia María Campos Castro, el próximo 10 de junio de este año, cumplirá cuatro años de haber sido escrito).