Yuren y Miau Miau

Alberto Juárez Vivas

El gato de la casa es negro con manchas blancas. Llegó un día de tantos quién sabe de dónde. Al principio era muy arisco. Si uno se le acercaba pegaba un brinco y salía corriendo. Dos cosas cambiaron desde que llegó nuestro gatito: se redujo considerablemente la visita de ratones y comenzaron a caerse los trastos de la cocina por la noche.

También tiene un pequeño amigo que se llama Yuren. Es el único pequeño de la familia. Un niño que antes jugaba solito, porque no existían niños a su alrededor; él jugaba con sus carritos de plásticos y sus soldaditos verdes. Pero ahora, desde que se levanta juega con el gatito.

Un día domingo, Yuren se divertía en el patio con una cometa de papelillo que le regaló su tío Félix. Corría tratando de elevarlo, pero más bien la arrastraba. En una de esas ida y vuelta por el patio, Yuren sintió que algo detenía y soltaba la cometa. Se preguntó qué sería y comenzó a buscar.

Escondido en unos arbustos estaba Miua Miau, como le decíamos al gatito. Y cuando Yuren corría, Miau Miau se abalanzaba sobre la cometa y la arañaba. Yuren, al descubrir que se trataba de un felino, se detuvo por un rato al lado de un árbol de coco. Hizo el gesto como si correría y el gato puso una pata al frente, para luego regresarla a su sitio. La mirada de él se perdía en los ojos azules intensos de Miau Miua, entablándose un duelo de miradas.

Uno de los dos debía imponerse sobre el otro. La risa de Yuren había desaparecido, su enojo era total. No había manera de continuar su juego y Miau Miau estaba decidido a no cederle espacio. Un fuerte viento mezclado con polvo azotó los árboles de mango y de jocotes, también el cabello de Yuren. El duelo de miraba continuaba, ninguno parpadeaba. El viento sacudía la cometa de papelillo hasta casi levantarla del suelo, en eso…

—Yuren, Yuren ven a comer –lo llamarón desde el fondo de su casa.

Pero el pequeño hizo caso omiso al llamado inoportuno. Miraba, de manera alternativa, la alambrada del patio y la casa. Calculaba hacia dónde correr más rápido con su cometa sin que Miau Miau se lo impidiera en su intento de cazar la cometa.

Y salió hacia la alambrada a toda carrera sosteniendo firme la cuerda de la cometa. Sintió que el gato lo seguía muy de cerca, no se detuvo ni miró hacia atrás. La alambrada ya estaba cerca y sería su victoria sobre su adversario. Pero, le resultó extraño que el gatito no insistiera.

Ladridos. Los ladridos lo hicieron frenar. Se trataba de la perrita de la casa que correteaba al pobre Miau Miau en todo el patio, hasta que éste se subió al tejado. Y fue así que él salió victorioso sobre el felino, pero reconoció que la perrita de nombre Negra, había sido muy importante, determinante en su triunfo.

Contento acudió al llamado antes que cayera la noche y que su mamá se enojara. Tomó su cometa y caminó a casa, pero en el trayecto, frunció las cejas provocado por un pensamiento que de pronto se avino. Algo no estaba bien. «Es cierto, le gané a Miau Miau, pero al final, no me dejó jugar en paz con mi cometa. Pero qué susto le dio la Negra. Seguro no me molestará mañana», pensó.