Cuentos de los griegos (I)

María Teresa Bravo Bañón /
Cataluña, España

Las musas

¡Hay que ver, Doña Mnemosine!
¡Qué gloria de hijas tiene usted
y qué envidia me da!
¡Qué elocuente es Caliope,
la mayor, en el Parlamento!
No menos que la historiadora
Clío que ahora es también
periodista de investigación.
Nos enamora Erato con
la dulce lírica de sus versos
y Urania, la astrofísica
de la Nasa, nos sorprende.
De Euterpe tenemos dedicados
todos sus discos y no nos perdemos
ningún concierto de Polimnia,
la Directora de Orquesta.
¡Cómo nos reímos con las
comedias de Talía en la TV
¡Cómo lloramos a moco tendido,
con los trágicos culebrones de Melpómene!
Y Terpsícore, la pequeña, ¡Qué encanto de criatura!
Se me cae la baba viéndola bailar con su tu-tú y sus zapatillas de ballet
En cambio, mi hija
sólo quiere ser futbolista…
Ya ve como son las cosas
y lo mal repartido que está el mundo,
¡Unas tanto y otras tan poco!

Ulises

Veinte años llevaba Ulises
desaparecido de Ítaca
hasta que un día apareció
su foto en un programa
de televisión.
De pronto, en aluvión,
las llamadas telefónicas
colapsaron la centralita
para dar testimonio
o señas de su paradero.
Así llamó Antínoo, dijo ser un amigo taxista.
Nausica, la cajera del supermercado.
Menelao, el camarero del Bar Esparta.
Circe, la echadora de cartas del Tarot.
Un tal Polifemo que hablaba con acento
de los Cíclopes y que al parecer le debía dinero.
Calipso, la recepcionista del último
hotel en donde se había alojado.
Escila y Caribdis, las hermanas cotillas
que vivían en la misma escalera que él…

Se le acabó el anonimato, ahora
tendrá que volver a Ítaca inventarse:
aventuras de sirenas, islas encantadas, ninfas,
magas, vientos contenidos en un odre,
Y de cíclopes caníbales…
Mientras su mujer, Penélope,
le escuchará y escuchará
tejiendo calceta.

Poseidón

Tiene invadido su reino y no sabe qué hacer
con tanto submarino.
Pero eso no es lo peor,
sino los barriles de residuos
radioactivos que le están
tirando los de arriba.
Además, la contaminación
acústica es insoportable
¡Con tanta moto de agua
tanto fuera- borda
y tanta gente en la playa
así no hay quien duerma!
Y encima con la moda de filmar
películas sobre barcos hundidos
ha perdido ya hasta su intimidad,
se rumorea que los paparazzi
lo han fotografiado en calzoncillos
y ¡claro, así como va a infundir respeto!

(Del poemario Zapatos sin cordoneras, sección Cuentos de los griegos, de María Teresa Bravo Bañón).