El luto inauguraba la mañana

Delvin Mendoza Olivar


Soy un cangrejo

Necesito abundancia de frutas,
un mundo equilibrado.

Mas no encuentro acogimiento,
no llega el pescador.

Solo quedé en el arroyo,
turbio y mal oliente.
Mis muelas sufren dolor.
Mis patas no tienen fuerzas.
El mal es mi emporio.

Ya no hay sardinas, guapotes
ni mojarras que dejen migajas.
La última vez que el cielo oscureció,
perdí un ojo con manchas blancas,
la corriente lo arrastró.

Seres vivientes maldijeron
aquel día
con seres queridos perdidos.
El luto se instaló en la comarca.

Una rana manca me acompaña,
de cara preñada de pintos negros
y cuerpo deforme.
Sufrió mutación por los aires,
el agua, el sabor, el amor.

Ella, la del canto triste;
yo, con un canto aún más triste.
Me iré.

El mundo es terrible.

 

Visión

Caminaba en el supermercado. Las personas preguntaban por precios bajos. En la entrada me sorprendió un pequeño cuerpo tendido, cubierto por una carpa. Los televisores ofrecían entretenidas películas. Los electrodomésticos relucían. Y el féretro allí.

Las jóvenes del establecimiento ofrecían su mejor pose a la clientela. El luto inauguraba la mañana. Pero todos estaban sórdidos y yo, atónito. El bulto solitario con enigmático ser, quieto como un sepulcro en verano. Nadie rezó una plegaria ni lamentó la pérdida. Y me pregunté el por qué yacía el cuerpo ahí.

 

Soñando a ser libre

Sueño con sonrisas al amanecer.
Cantos de pájaros en el jardín.
Que la tranquilidad llene mi ser.

Si levanto en la mañana
que haya qué digerir.
Que no haya tema para discutir.
Que no hayan políticos que quiten
la paz a mi país.
Que haya qué enseñar.

Y al atardecer
con ganas de dialogar con un amigo.
Y que no deba al vecino.
Y sobre todo, amar.