La mirada quieta del invierno

Delvin Mendoza Olivar

Canta la noche

La noche canta melodía
quieta, quieta.

Respira.
Encierra misterios,
dolor, agonía…

Tiene palabras
en su manto oscuro.

Enero

El viento corre con piernas de atletas…
Apurado busca la aventura
en cada rincón;
empapa de lluvia la comarca,
con mirada taciturna de serranías…

Conmigo descansa la tristeza
de mi corazonada.

Sigo remando

¿Quién con intenso toque
besó esta tarde mis mejillas?

Se despidió sonriente.

¿Quién reclama mi felicidad?
¿Cuándo volaste mariposa bella?

Te marchaste de la playa.

¿Cuántas lágrimas corrieron?
¿Cuánta dicha me has deseado?

Cuánta suerte.

Te fuiste con la razón
entre tus brazos.
Te busqué en mi ansiedad.
Encontré la soledad
sentada a la entrada
de mi corazón.

Tu presencia falta al glorioso instante.
Despídeme con un beso.

Seguiré remando en el mar.

El ave triste

El ave voló
obsoleto en su mundo.

El ave migró a otra tierra.
Ya no siente. Ya no canta.

El ruiseñor tiene el gorjeo
en el alma.
Triste en la rama busca
el destello de luz
que encamine su mundo.
Vuela corto en el pasadizo
que discurre en la ribera.

El sentimiento oportuno
se disolvió, ahuyentado
por el azote de la vida
y la mirada quieta del invierno.