Leonor de Aquitania escribe a su marido Enrique II

María Teresa Bravo Bañón (Mayte) /
Cataluña, España
(a Henry A. Petrie)


Al pie de las murallas del deseo me declaro en rendición.
He perdido todas mis batallas contra ti,
a pesar de haber alzado más mis muros
y haber sembrado los caminos con torres de defensa.

Cada hostilidad declarada, cada estratagema,
en el arte de la guerra, cada ofensiva ha sido malograda.

Es inútil, amor mío,
hoy te dejo abierta la brecha de mi corazón,
capitulo, claudico, acato, me someto,
a ti me entrego, vencida de amor
hasta el último tuétano de mis huesos.

Todo fue vanidad, altivez y despecho, arrogancia…
Me alcé contra ti, rebelde, levantisca,
insurgente amotinada, insurrecta…
Te lancé, sin piedad, mis huestes,
y mis fieles mesnadas poderosas.
Me puse en guardia contra ti
como un vigía sobre la yerta noche.

Quemé tus versos y fueron tortura
verlos crepitar entre las llamas.
Dormí con cilicios para no soñarte
llegando como una lengua de volcán hasta mi cama.

Amor mío, he tejido para ti tantas alambradas
de espinos que mis dedos ya ni conocen la caricia de las rosas.
¡Qué inútil resistencia! Y ¡qué dulce esta derrota
de ser tu cautiva de amor confinada en los muros de tu pecho!

Me inyecté en las venas el hielo del desdén,
y deseé tener la piel del alcornoque,
para no desearte cada noche entre mis brazos.

Perdóname amor mío, tanta tribulación
que te he causado hasta dejarte el alma rota,
solo por miedo a ser presa de tus aves de cetrería.

Sabía que si soltabas hacia mí, como has hecho,
el halcón de tu hombro era yo la paloma torcaz
a la que arrancar el corazón de cuajo
y dejarme herida de amor, a la intemperie.