A pecho desnudo

(Poemas de Luciérnagas en abril)

Henry A. Petrie

Reos de luz

Hay luciérnagas prisioneras en las ergástulas del tirano, cuando no ataca el zombi con sus instrumentos de dolor, cuentan historias y encienden sus luces para romper la oscuridad.

 

Sin frijoles ni despedida

Yo te juro que mal comía frijoles, amargaba a mi mamá con exigencias y no los comía, para nada los comía, frijoles del diablo y del pedo.

Odié esta toma de recinto cuando no hubo nada, nada de comer. La tensión estaba de muerte o la muerte estaba tensa, próxima a zarpar. Era igual, o, en todo caso, similar. Pero, frijoles no había en la maldita universidad, ni en las barricadas de afuera.

¡Ay, Dios mío! Exclamé porque no me quedó de otra, mi madre lo había dicho: «Ya verás, pendejo, cuando no tengás nada que comer.» ¡Ay, mi madre! Aquí no hay nada, ni frijoles. No he comido nada. Quién te manda, pues, ser hijo y nieto de sandinista, ¿no ves que así es la cosa? Hay que luchar y aguantar hambre. El celular no se come, no hay dinero para el delivery. Hay que luchar y aguantar hambre, pues.

Yo te juro, mamá, que con gusto espulgaré frijoles, si acaso termino vivo, porque los zombis del tirano, dicen que si no son ellos no será nadie. ¿Será verdad? Pregunta a mi abuelo, que anduvo en aquellas revueltas o revoltijos históricos.

Las tripas me crujen y los policías quiebran huesos, abren agujeros, ¡Ay, cabeza, pecho y garganta! ¿Cómo se llamó el niño que tenía sed? ¿Cómo, quienes pidieron no sé a quién, gotas de dignidad para continuar? ¡Ay! No sé. Las tripas están vacías, la barricada fría, el ambiente de muerte y los frijoles, ¿dónde están?

(Lo siento, el joven se fue con hambre y sin poder besar a la madre).

 

De locos

Vos en un extremo
y yo en otro,
terroristas las miradas,
avanzan paramilitares,
se escuchan disparos,
se vienen, se vienen,
encima,

venite aquí, a mi lado,
mañana sabremos
si desde abril nos fuimos
o apenas empezamos.

Vos allá y yo aquí,
apenas un beso,
la caricia en la barbilla,
el verso de a saber quién,
esta guerra nuestra,
de locos, sin armas,
a pecho desnudo.