Cuatro tantos del yo inquieto

Gerson Cordero Sánchez

I

Ha pasado el tiempo
y sigo aquí, pasmado,
viendo el atardecer.

Es diciembre, vientos
fríos rozan el alma del sur.

Todo cambia,
renazco en un pestañar,
ansioso y confundido.

¡Qué mediocres somos!
Buscamos paz, tranquilidad,
cuando vivimos de guerras.

No odio
ni la soberbia y arrogancia
me llenan.

II

¿Quiénes somos?
No lo sabemos.

Buscamos ese amor que muere
y que vive hasta que envejece.
Quizá todo entre líneas, nosotros,
sea estúpido.

¿Somos libres?
¿Qué tanto lo somos?
El ave vuela sin cesar.
¿Nosotros?

Sigo aquí,
necesitado de paz,
desolado, ansioso
y entre sonrisas falsas.

Libertad es la fe, la metáfora,
una utopía insaciable, carnal.

Ayer nací
y fui milflores.

III

Para aquel que se engaña,
la eternidad son colores envenados,
el posible odio a la madre
desde antes de nacer.

Si la paz fuera no nacer,
o simplemente vivir muerto,
la agonía sería el sueño.

Escucho esa voz
y me dice que no estoy solo,
que no calle
ante la ilusión de Satanás.

¿Seremos como los dioses
o solo fuimos infectados de maldad?

IV

Hijos de la libertad
o error genético, somos.

Quizá
no tengamos final ni inicio;
quizá caigan pétalos,
se sequen las raíces
y muera la flor.