¡Qué tanto cuesta el beso de la patria!

de Henry A. Petrie
(Poemas del libro en construcción, Luciérnagas en abril)

El monaguillo, el otro niño

En las barricadas de León daba saltos armado de sonrisas; a las miradas congregadas regalaba destellos de futuro. Era el monaguillo, el otro niño, la luciérnaga que cegó el ojo maldito del disparador. El niño monaguillo saltarín, abrazador de la vida y del tiempo,

profundo, corajudo, tierno,
como se escriben las hazañas,
como se vence el miedo.

El monaguillo, el otro niño,
de los que hacen coro,

anduvo en barricadas cantando a la vida; junto con los personajes de leyenda y los susurros nocturnos, comenzó la fragua en Santiago de los Caballeros de León. Y ardió el vigor por la libertad.

En las calles paren versos los poetas; los cuadros y murales se estampan en la memoria sensible y profunda; desde el silencio, las alfombras se diseñan con colores exactos de la vida y de la lucha; en esquinas y rincones conspiran los cantos contra el olvido. Todo conspira, hasta la anciana que invoca a sus ancestros y prepara la chicha para que fermente, el repudio.

Al frente del cortejo, la cruz,
señal de vida en la muerte,
energía transformada en sonrisas,
miradas y voces altivas,
luz que destroza infamias.

 

El beso de la patria

La noche nos dice que en el beso está el sueño.

Alguien bajo las estrellas ha susurrado,
viento con alma que bulle, el arma perfecta,
la vigilia del movimiento cauto, silencioso.

¿Quién ahí? ¿De qué patria hablamos?
La sombra de luz en la patria que canta
y danza en la lucha para animar la vida.

El mañana es la constancia hecha verso,
desde el influjo de las voces nocturnas,
voces de la sangre derramada, el grito
ahogado en el limbo del desaparecido;
el mañana que en presente activo
vence al búnker del miedo y la infamia.

La chavala de los colores poéticos
cubre su rostro y desnuda su pecho,
ofrece sus manos y dibuja en sus labios
el beso apurado para que prenda el sueño,
la caricia oportuna y en la noche fría
actúe el café tibio y se sostenga aguerrida,
la barricada armada de juventud.

¡Qué tanto cuesta el beso de la patria!

El beso tierno y enamorado;
el beso apurado y cargado de sueños;
el beso valiente y urgido de nueva patria,
porque todo beso se disfruta en presente
tirando a futuro, jamás en pasado.