Arañando pasado

Urania del Carmen Rodríguez Medina

Cinco años apenas, pies descalzos,
corría tras mariposas y saltamontes,
era feliz entre mis propias risas.

No sentí, ni vi al ingrato acercarse,
como sacudida por un tornado.
Me elevó en el aire.
No grité, no lloré.

Tumbada sobre la desordenada cama,
una mano en mi boca impuso el silencio,
Mientras la otra mancillaba mi tierno,
débil y frágil cuerpo.

Inconsciencia enseguida…
No más mariposas, ni juegos, ni risas.
En cambio, amargura, angustia,
amenaza, rechazo, vergüenza.

Me tragué la rabia.
Sobreviví a la herida incurable.

Pasado el tiempo lo busqué,
deseé gritarle, enrostrar su miseria,
acusarlo de peste y me fui hasta allá.
Lo llamé desde afuera y me dicen:
«Ha muerto».

Quise perdonarlo, arañé el pasado
con uñas del rencor, del asco;
lloré y un grito se me ahogó,
mascullé su nombre, asqueroso,
que Dios lo perdone, yo jamás.