Apuntamientos desde el norte

Lautaro Ruiz Mendoza

I

¿Hacia dónde se fueron los sueños azules de Carlos? ¿Los sueños de Olama, El Chaparral y el Bijao? La utopía y el encanto volaron con sus verdes mariposas, dejando el tiempo de cuando los muchachos cantaron viejos himnos de guerra y botaron al tirano, a su caballo de bronce que recorría las calles de Managua.

Yo vi a Rigoberto sonreír en una esquina. Las casas que estuvieron llenas de humo se inundaron de luces y esperanzas. Y vinieron los brigadistas llenos de amor y ternura, avanzando con mochilas y algarabía.

Luego acechó el buitre sombrío con garras afiladas. Y los muchachos llegaron a casa con cajas selladas. Y el sueño, se fue desvaneciendo, hasta que reinó el príncipe del caos. El morbo y la lujuria de carne se mezcló con la política, pariendo a un demoniaco gordo ladrón que se llevó el saco de la Navidad.

En medio de la locura, los vuelos rasantes del imperio. Las madres esperaron alientos de un hombre que sería santo, pero la oración no surtió su efecto y, no hubo santidad.

Seguimos perdonando estupideces y canalladas por el supuesto amor al partido, o por la torpeza de extraviar grandes ideales por simples consignas. ¡Cuánta mentira! ¡Cuánta bocazas! Día y noche embobaron los suspiros, luciendo medallas de vanguardias y aspirando militancias históricas.

Yo fui uno de ellos, de aquellos que nos enfilamos hacia el paraíso. Pero nos alcanzó la zanganada y el cinismo, la ignorancia que se comió los sueños.

II

Ensangrentadas están las manos que alimentan ignominia. ¡Malditos!

La bruja guardiera monta en una escoba y escupe fuego con sus canes de caza, devora sueños y vidas de jóvenes.

¿Quiénes lavaremos la bandera? ¿Quién robará el fuego del Olimpo?

Las voces se apagaron en las celdas del anterior tirano, donde arrancó rostros y corazones valientes. Ahí mismo se repitió la historia, con nuevo carnicero y nuevos gritos de dolor en las ergástulas.

El dolor se ha impuesto en la patria. ¡Malditos! ¡Mil veces malditos! La bruja y sus canes, el tirano y sus cómplices de la muerte.

Mi protesta no acaba, mientras la mentira carcoma la dignidad patria.