Porque esta muerte es corazón de madre (Luciérnagas en abril)

Henry A. Petrie

Las cruces también marchan

Marchan cruces indignadas
abrazadas a la esperanza,
invocan luz, vida que batalla.

En cada cruz un nombre,
en cada nombre una luciérnaga,
chispas cantan y escupen
rostros de impostores, cínicos.

La vida está en las calles,
luchando por la luz,
con sus cantos y consignas,

la danza repele la vibra del mal.

Danza de madre y corazón dolido

Frente al féretro del hijo asesinado,
la madre que danzó a fuerza de corazón,
inflamado de dolor y orgullo, jura
continuar la causa de su luciérnaga
que no dejará de andar, de alumbrar.

El amor más allá de la muerte
es el valor de amazona enternecida,
con sus flores y esperanzas, el llanto
retenido en el fuego de sus entrañas.

Tras el féretro el cortejo enardecido,
la pasión multiplicada en la protesta,
aunque destrocen humanidad las balas.
Multitudinarias manos entrelazadas,
retienen en el nervio de la nación
el estruendo del derribo de sanguinarios,
amantes de la guerra y de la infamia,
enemigos de juventudes y libertades.

El multiplicado llanto de las madres
pare verdades, palabras ciertas y rotundas;
como la mirada del niño que también se fue
en el cielo caudaloso de Nicaragua que explota
de dignidad prendida en los pechos, la pintura,
luces y colores, el corazón besa y estampa
su ternura sin decir Adiós.

Porque esta muerte es consigna de vida.
Porque esta muerte es corazón de madre.
Porque esta muerte es el grito de libertad.
Porque esta muerte es la ofrenda del hoy.