Y volverme loca

Elena Patricia García Díaz /
Estudiante de la Universidad Humanista, Managua.

I

Soltar las cuerdas que me sujetan a esta realidad que acaba y que, día a día, es rutina. Cruzar calles y lanzar miradas salvajes a todos, que, por rendijas miran o husmean en mi corazón. Caminar contra el viento, para recorrer el mundo y regresar a donde fui feliz, regresar con mi mochila llena de sonrisas y en mis bolsillos la energía que me lleva al amanecer sin sueño, rebosante de alegría.

Amar lo que soy, lo que puedo llegar a ser. Amar sin necesidad, aunque me miren de reojos con cara de susto, o pretendan asustarme con sus rostros de rutina. ¡Que sepan de mi locura!

¿Lo prohibido? ¿Qué puede ser prohibido si quiero y necesito? No importa el cartel de: «¡Cuidado, no entrar!» Pero la felicidad está allá del otro lado del muro, donde nunca me dejaron llegar ni gritar el ¡Te amo! Y no me importa la conciencia chueca de aquellos que me miran, porque el mundo ha de cambiar.

II

El mundo no acaba ni el cielo se viene abajo. Necesito anhelos para vivir, darle la vuelta al mundo y equivocarme un día; dejar mis heridas al sol, para que cicatricen con la belleza del día y dejar mis lágrimas en el tendedero, para que se las lleve el viento, quizá las convierte en suspiros. El miedo no me detendrá para abrir el libro de mi vida.

Deseo llorar lo que pueda y disfrutar lo que desee, sin enfrentar miradas inquisidoras que se esconden tras una careta. ¡Que me vean soñar! ¡Y amar! No me avergüenza la ilusión.

Solo quiero ser lo que quiero contigo; dar voz a mis pasiones, estas que tengo enjauladas y amordazadas. Quiero salir del caparazón que me ahoga; afuera, pese a todo, me sentiré más segura, sin que importe el destino. Yo solo quiero llegar a ti, aunque me vuelva loca o lo sea para todo el mundo.

No importa.