Recuperar la audacia en la literatura

(Discurso del escritor guatemalteco Mario Monteforte Toledo en el VII Congreso de Literatura Centroamericana. Managua, Nicaragua, 1999).

Nota editorial:
En agosto de 1999, Nuevo Siglo, Fondo Editorial del Instituto Nicaragüense de Cultura, publicó en formato folleto el discurso que brindara el distinguido escritor guatemalteco, Mario Monteforte Toledo, en la clausura del VII Congreso de Literatura Centroamericana, realizado en Managua, Nicaragua, en marzo de 1999.
El presidente de Acción Creadora Intercultural (ACIC), escritor Henry A. Petrie, ha facilitado dicho documento para su publicación oportuna en nuestra Web, por considerarlo un discurso histórico, donde se abordan algunos aspectos controversiales que deberían ser parte integrante del debate actual entre escritores. Por supuesto, se trata de la opinión de Monteforte, que en algunos aspectos podemos diferir, pero consideramos que en general, insta a una revisión de los derroteros de la literatura y de la función social del escritor.
Mario Monteforte Toledo, nació en la ciudad de Guatemala, el 15 de septiembre de 1911. Muere en la misma ciudad el 4 de septiembre del 2003. Escritor, abogado y sociólogo. Militó en el Partido Unificado de la Revolución. Mantuvo una intensa actividad política en su país y desempeñó varios cargos públicos, desde diputado, vicepresidente de la república y presidente del Congreso Nacional. Estuvo en el exilio por muchos años.
Premios: Premio Nacional de Literatura «Miguel Ángel Asturias», Guatemala 1993; Premio Internacional de Cuentos Juan Rulfo 2001, Francia, con el libro La Puerta Blanca.
Su obra literaria es muy nutrida, más de una treintena de libros, entre novelas, poesía, cuentos, ensayos y teatro. Sus últimas novelas publicadas son Los adoradores de la muerte (2001) y Unas vísperas muy largas (1996). Acerca de sus obras publicadas ir a la siguiente dirección:  http://www.todostuslibros.com

Lo usual es empezar estos actos con un discurso protocolario, mencionando a todas las autoridades, personalidades, instituciones, que han intervenido en hacer posible esta reunión que hoy se cierra. Pero con la parafernalia que yo tengo, ese protocolo me va a parecer una extravagancia. Entonces, nada más comienzo agradeciéndoles profundamente cómo nos han recibido y cómo han organizado todo esto y cuál es su resultado, que se debe fundamentalmente a esta iniciativa plural, que ha hecho posible una de las más fructíferas reuniones centroamericanas.

También comienzo diciendo, que creo interpretar el sentimiento de mis compañeros, diciéndoles a ustedes que secundamos de todo corazón y con todo vigor, todas las iniciativas, todas las luchas que ustedes tienen por ampliar la política cultural interior y por lograr que el gobierno empiece a rever sus presupuestos, para cargarlos del lado de la política cultural y social, nunca jamás sacrificada por los intereses económicos de este país; porque Nicaragua es quizás el único país del mundo, donde los poetas son más importantes que los que mandan. Cuando pasen otros quinientos años, todo el mundo sabrá cuáles son estos poetas {porque} los leerán, pero ignorarán profundamente quién era el Alcalde Municipal de Managua y quién era el gobernante de este país.

Hace unos cientos setenta años estalló en toda la Europa Occidental, la revolución industrial. Esta revolución iba a conmover al mundo entero a lo largo del Siglo XIX y fue la utilización de nuevos medios, de nuevos servicios, de nuevas energías, se creó entonces la burguesía, se creó la clase obrera organizada y quedó al margen de la sociedad como un grupo paria, los escritores y los artistas.

Esta gente carecía en absoluto de intervención de voz de participación en el hacer nacional, ya no tenía capacidad técnica de ningún género para intervenir en decisiones de tipo financiero, de tipo económico, ni siquiera sabía muy bien lo que era la producción y entonces, va surgiendo un sentimiento de nostalgia de algo perdido que no se sabe ni siquiera qué es, porque no se conocía, no hay tal paraíso perdido, el paraíso que no se encuentra no existe, entonces esta gente se fue amargando, se fue entristeciendo, se fue sintiendo sola, se fue sintiendo individual, retenida, e inventó el romanticismo.

El romanticismo fue una escuela de un gran poder, porque significaba realmente una confrontación con lo que estaba sucediendo en el orden político y económico en el mundo, y hay dos ramas: una, la de la poesía individual, y otra, la poesía responsable política, de la cual, por ejemplo, fue uno de los grandes exponentes Víctor Hugo en Francia. Pero fue en Alemania y en Inglaterra donde se dio el fenómeno de los grandes románticos de la historia, es decir, en Alemania tenemos a Folclaista, a Ford Arnin, a Novalis, a Brentano, estos grandes, grandísimos poetas. Y tenemos en Inglaterra a Shely, a Bayron, a Keatchs. Esta gente produjo lo mejor del romanticismo. España tuvo un romanticismo abominable y tardío, que por fortuna desapareció pronto, porque en España lo que ha prevalecido y prevalecerá siempre es el realismo de ese pueblo, que es un realismo vigoroso y auténtico.

Después del transcurso de estos cientos setenta años, llegamos ahora donde hay otra revolución que se llama la revolución tecnológica, donde los escritores y los artistas vuelven a estar en la misma posición que estaban sus congéneres de aquella época del siglo XIX, nunca se ha participado menos de parte de este grupo intelectual en el hacer del mundo.

Hoy día, la diferencia que hay entre un sabio y un hombre de la calle es inmensamente mayor. En la historia, desde los tiempos de Leonardo Da Vinci, no sabemos absolutamente nada de cómo se manejan las finanzas, de porqué se corrigen los presupuestos, de porqué se manda como se manda, porqué se humilla como se humilla, porqué los fenómenos sociales no caminan, no podemos hacer nada más que quejarnos y el escritor que vive quejándose, no sirve absolutamente para nada.

La posición {nuestra} se parece mucho a la de los románticos, estamos en la misma tabla con agravantes, porque el poder económico de hoy, ya no es solamente el poder de los propietarios de las cosas, nos han elevado esto a una categoría internacional que se llama la globalización, que es la amenaza más grande que tenemos los países del mundo, digamos del tercer mundo.

La globalización es un conglomerado de intereses mercantiles y financieros que no tiene sede, ni responsabilidad, flota en el mundo como una nube etérea, sin que podamos hacer nada, ni que sepamos siquiera dónde están, pero lo más grave es que están conspirando contra la existencia del estado nacional, que es el encargado o debe ser el encargado de resolver los problemas totales de su pueblo. En el estado en que nos encontramos, en el estado de atraso en que nos encontramos estos países, el estado es indispensable, pero no un estado envilecido, como el que ha llegado a ser en gran parte debido a la campaña de ese sector económico interesado en liquidar lo que es el estado nacional. Para defender el estado nacional, debemos dignificarlo, exigirle que dé la medida, exigirle que dé la pureza y la legitimidad como base de su poder, me parece la gran actitud y el gran deber y la gran responsabilidad de los intelectuales, incluyendo a los escritores y a los artistas.

¿Qué estamos haciendo realmente en el mundo los escritores y los artistas hoy? ¿Para qué sirve la literatura? En el fondo volvámonos a preguntar: ¿Qué cosa es la literatura? Hay libros enormes, tratados sobre todo; quizá nunca lo sabremos en realidad. La literatura es la producción de flechas, nosotros lanzamos las flechas para ver dónde van, pero no sabemos muy bien a dónde van a ir, no tenemos blancos, esa es la labor del artista y esto viene muy bien definido en un verso, en unos versos de Shakespeare, que en el monólogo de Hamlet, dice: «Es la enunciación de que hay una flecha que viene de la amargura y puede ir a la amargura». Es ese acto de crear, que en el fondo es un acto de buscar, no estamos en una época de respuestas, no hay que pedirle respuestas, ni a los escritores ni a nadie, nadie en el mundo sabe exactamente qué es lo que va a pensar en el futuro. Ya no digamos en el futuro lejano, sino hasta en el futuro cercano. Vivimos frente a constantes y nuevas incógnitas, la ciencia nos va abriendo todos los días unos mundos verdaderamente aterrorizantes, esto de convertir en ángeles a las ovejas es una cosa que amenaza.

La ciencia hoy en día, nos lleva un adelanto infinito. La literatura se ha vuelto reaccionaria, estamos recurriendo a viejas y usadas formas, hemos perdido la audacia y la literatura sin audacia tampoco sirve para nada. Y la audacia consiste en lanzar las flechas cada vez con más fuerzas, para que lleguen más lejos.

Ustedes notan el estado en que se encuentra una literatura cuando empieza a repetirse; cuando empieza a ser {…} un producto recatado y medido. Es necesario recuperar la audacia como regla general dentro de la producción literaria y lo mismo pasa con la pintura, no hablo de la América Central, sino de todo el mundo. Ustedes van hoy a cualquier capital de la tierra y se encuentran con los mismos problemas, van ustedes a las exposiciones y hay una gran rutina de las cosas que han venido pasando en los últimos sesenta años, que es más o menos la historia del desarrollo de lo abstracto, ya se probaron todos los abstractos, ya no hay por donde caminar ahí. Hay que lanzarse a otra cosa, ir a lo desconocido, a la libertad. También se le tiene miedo a la libertad, horroriza la libertad. Hay que asumir que cuando uno está creando está forjándose una libertad.

No podemos exigirle al estado que haga cultura, la cultura es un hacer y un decir dijo alguien. Hay un concepto antropológico que es el más sano de la cultura, no estemos esperando que el estado nos resuelva nuestros problemas, eso me parece de parte de los escritores una gran cobardía.

Yo creo que esto de rehuir el problema, de solucionar los problemas por uno mismo, es la base de estar trabajando con decoro, hay que volver a esto, a la iniciativa, a la actividad del hombre que es como se ha producido siempre el arte, desgraciadamente estamos con la nostalgia de los mecenas. Los escritores, los pintores, han vivido siempre de mecenazgos, fueron los reyes, fueron los señores del renacimiento, fue la iglesia, fue la burguesía del Siglo XIX, la fuente de la compra de los cuadros y de la compra de los libros. Cuando uno lee las dedicatorias de los escritores del siglo de oro, les suplicaban a los señores que los ayudaran a que se publicara su libro. Estas dedicatorias son una cosa de llorar, porque demuestran hasta qué extremo tenían que humillarse los escritores para poder publicar sus libros.

Hoy día somos bastantes libres para crear y en Centroamérica más que en ninguna parte, ustedes no se imaginan el grado de libertad que tenemos los escritores en la América Central. ¿Por qué? Porque nosotros no dependemos del mercado; porque nuestros libros no se venden, pues no vivimos del comercio. El escritor que está pensando en escribir libros para volverse rico, está absolutamente loco, nosotros nacimos para morirnos de hambre y defendernos a través de ocupaciones, como enseñar, como traducir, dar clases de baile, qué sé yo… Pero no escribiendo, de eso no se vive.

Entonces, un gremio que está produciendo un artículo como el libro que no depende de nadie, eso es un ser libre; la enajenación nos viene por otras vías, por las del poder, por la vía de la propaganda y por todo eso que tiene el poder en la mano. Nosotros no podemos defendernos totalmente contra la enajenación, pero le podemos dar una batalla bastante inteligente, que es a través de la creación. Nosotros tenemos que ser denunciadores de la realidad, tenemos que ser enriquecedores del conocimiento, pero de otra manera que como lo están abogando esos nuevos representantes, esos que son nuevos profetas de la globalización.

Hay un famoso, a parte de este señor japonés, que dijo que la historia ya se había acabado, que es una idiotez colosal; hay otros que están diciendo que de hoy en adelante el poder del mundo ya no es la economía, sino el poder del conocimiento y el manejo de la informática. Esto tiene algo de verdad, pero no es toda la verdad.

En ese libro, el último que tiene 850 páginas, hay siete líneas sobre la América Latina, cuatro sobre Panamá y tres sobre México. Esto les demuestra a ustedes la importancia que tenemos para la nueva visión del mundo. Imagínense ustedes si esto fuera verdad… pero eso existe, hay gente que está desnaturalizando la historia, porque está justificándola en términos de este nuevo sistema de poder que están creando, contra lo cual tenemos los intelectuales en primer término, el deber, la obligación, de oponernos.

¿Qué ha llegado a ser la literatura en nuestro tiempo? La gente cree en general, la masa de la población cree, que el escritor una vez publica sus primeros dos sonetos sabe todo, le preguntan sobre el divorcio, sobre la bomba atómica, sobre la manera de fertilizar el maíz y a veces, los escritores, que somos vanidosos, nos atrevemos a contestar estas cosas sin saber ni una papa de ellas, solo los que tenemos mucha vergüenza, les decimos No sé. Pero la gente cree que por el hecho de escribir sabemos más que todo el mundo. Esto es un error. La mala información de los escritores de la América Central es pavorosa, nos faltan años… Aquí ustedes tuvieron una dictadura espantosa que prohibía libros, durante la cual solo heroicamente pudo existir la serie de grandes poetas y escritores que dio el país, pero en general no se puede desarrollar un pueblo, y menos una cultura, ya no digamos la literatura, bajo los regímenes de fuerza y de ilegalidad.

Entonces, la literatura ha llegado a ser un negocio solitario, heroico, de búsqueda y que aporta al conocimiento {…} de que se propague {…} a través de la intuición y de la invención; si mañana hiciéramos un cotejo de las cosas que han anunciado los poetas, sería asombroso realmente, algo ven, yo no sé qué es lo que ven, pero ven cosas y entonces esta adivinación, es una manera de conocer, o sea, una contribución la que hacemos al conocimiento de la realidad.

Pero es un error pensar que la literatura sea la realidad, hay una realidad de la realidad, la realidad diaria de la vida, pero hay una realidad de la literatura que no es la realidad de afuera, hay que entenderlo así; cuando se está leyendo hay que entender que se está dentro de un mundo, de una realidad inventada, de una realidad posible, de una búsqueda de algo ignorado, que a través de la escritura va brotando.

He hablado con mucha gente de mi gremio sobre esto, qué tanto sabe a dónde va el que escribe, qué tanto puede preverlo y ustedes les contestarán siempre que a medida que se va escribiendo, cuando va brotando la palabra, va saliendo otra, la palabra tiene un poder de auto germinación y ahora, en este tiempo, más que en ningún otro de nuestra historia.

Tenemos una amenaza muy grave encima, que es la tecnología con la cual estamos en contacto, la computadora, por ejemplo. Todos sabemos, los escritores que hemos empezado con la computadora hace unos cuatro años, que algo nos ha pasado, que de alguna manera catastrófica se ha modificado nuestro estilo, nuestra manera de ver, nuestras posibilidades de inventar, qué sé yo {…} creo que la UNESCO debería hacer una reunión internacional de escritores, para que tratáramos de entender qué es lo que nos está pasando. Y todavía lo del INTERNET es peor, porque INTERNET es una maquinaria que en el fondo está privando al hombre de la capacidad de discernir y de pensar, todo está hecho. Yo tengo familia, chicos que les dejan ver eso en las escuelas y llegan a la INTERNET y {esta} le hace el artículo que tienen que responder en la escuela, sin hacer el más mínimo esfuerzo de investigación ni de invención.

Yo no sé cómo se podría defender el escritor de esto, porque estamos demasiados sojuzgados, rodeados, pero sí recuerdo un hermoso ensayo de Tomas Man, cuando allá por los años XX, llegaron sus hijos Ericka y Golo a recomendarle, a rogarle de que se pusiera a escribir en máquina de escribir, porque él escribía a mano y con una pluma, y le dicen: «Pero usted, papá, usted es una antinomia social, usted es una especie de retardo de la humanidad, cómo es posible que usted escriba…» Y dice: «Bueno, pero no voy a una escuela simplemente y le dan los libros para que estudie y le regalan una máquina ROYAL y la tienen una semana y la refunde y sigue escribiendo a mano». Y entonces se cuenta en un ensayo porqué la soterró, dice: «El pensamiento que sale de la cabeza va a través de mi cuerpo, hasta la punta de mis dedos y yo, sin intermediario, pongo los signos que me está dictando lo que estoy pensando. La máquina de escribir es un intermediario y por lo tanto a mí no me conviene». ¿Qué pensaría este hombre si le propusiéramos que escribiera en la computadora? Estas reflexiones las creo directas y necesarias para que ustedes nos entiendan bien, para que no nos pidan más de lo que podemos dar, pero tampoco menos de los que podemos dar.

Ustedes nos deben exigir una rectitud que no tienen generalmente en el poder público, que no lo tienen los dueños del mundo, el escritor debe ser una Z en el fondo, debe ser un sacrificado, es la única manera de justificar su presencia sobre la tierra y por último una reflexión sobre la manera de leer, la preocupación por la baja infame del número de lectores en el mundo entero.

La Casa Galinar, la más grande de Francia hace 20 años, hacía diez mil ejemplares y está haciendo tres mil ejemplares, eso indica que hasta en Europa tenemos mermado el mundo del lector, pero en Centroamérica esto llega a números alarmantes.

En Guatemala, hace 50 años hacíamos cuatro mil y cinco mil ejemplares por edición y ahora se están haciendo mil ejemplares, en una población de la ciudad de Guatemala de dos millones y medios de habitantes, esto es patético, pero eso no se conjura a través de las políticas de gobierno. Hay que modificar toda la enseñanza desde Kínder Garden, es ahí donde hay que enseñarles a los niños a que lean, si no se crea el hábito de la lectura no vamos a conseguir lectores, ni cantándoles himnos, es imposible convencer a alguien de que lea porque tiene demasiadas incitaciones para no hacerlo y porque en el fondo teme leer, porque descubre cosas que lo horrorizan, que es la verdad.

Entonces, me parece que hay que exigirle al gobierno, y creo que podría ser una labor centroamericana a través de PARLACEN, modificar el pensum de estudios para incorporar el conocimiento de la literatura y el arte desde el kínder-garden, para que comience la gente a respetar los libros. No les digo que fusilemos, pero por lo menos exiliemos, a esos maestros como el que me encontré no hace mucho, que le prohibió al niño leer novelas porque lo alejaba de sus estudios académicos.

Entonces, así termino estas reflexiones con un inmenso agradecimiento, por cómo nos han tratado, por esta condecoración y esta llave que me han dado. Esta llave no es con lo que yo voy a entrar al pueblo de Nicaragua, solamente voy a entrar por el amor que les tengo como parte mía, como centroamericano.

Muchas gracias.