Fiestas patrias

David C. Róbinson O.

 Bienvenidos a Punto de encuentros, el mejor programa de opinión televisada. Hoy hablaremos del tema del momento: el uso de la bandera nacional en ropas y otras indumentarias. Actualmente, dicho asunto está provocando acres debates entre la ciudadanía. Es de conocimiento general, el incidente que el día 4 de noviembre del año en curso sucedió en pleno desfile patrio y de cómo su irritante desenlace sacudió el parecer público.

Con nosotros en el estudio se encuentra el Licenciado William Alvarado, Presidente del Comité Pro-Rescate de los Valores Cívicos, y la Ingeniera Alberta Ceballos, conocida defensora de los derechos humanos. Buenas noches a ambos.

Entramos en materia. ¿El uso en la vestimenta de la insignia tricolor, es una gringada o una manifestación de patriotismo? Licenciado Alvarado, su opinión por favor.

En primer lugar y en nombre de la honestidad, ¿por qué deben molestarnos las gringadas? ¿Hasta cuándo vamos a culpar a los gringos de nuestras desventuras? Además, el hombre es familia del mono y siempre que vea algo que le agrade, lo copiará; es parte de su naturaleza. Pero, aparte de ese veneno innecesario, el detalle funesto consiste en que copiamos lo menos conveniente. El uso incorrecto de la bandera, eso que ahora quieren llamar patriotismo, no es más que ganas de figurar. Miren pues, cómo se dieron los acontecimientos del pasado cuatro, precisamente, el día de la bandera. El muchacho vestido con un suéter con los colores de la bandera y al final, la sorpresa. En nuestro país las leyes sobre qué hacer y qué no hacer con la bandera son bien claras. La insignia patria no se puede usar en vestimentas ni en nada parecido. Alguno dirá que son leyes con unos cuarenta años de atraso; que fueron escritas cuando en el mundo y en Panamá había respeto por los símbolos patrios; y que hoy en día nadie siente esa veneración, por lo menos no con aquel fervor. ¡La de los Estados Unidos a cada rato la queman! Hay quien afirma que la Ley debe adecuarse a los tiempos para que los jóvenes puedan usar la bandera en vestidos y zapatos. Puede ser cierto ese argumento. Pero mientras no se derogue la Ley, hay que respetarla.

Gracias Licenciado. Damos paso a la primera llamada de nuestros televidentes. Desde Alcalde Díaz, adelante.

Buenas noches. Los panameños hemos creído que ser finos es escondernos y como la moda de la bandera surge de lo más entrañable de nuestro pueblo, nos parece vulgar e incorrecta. El imperio ha hecho tan bien su trabajo que sentimos culpa por nuestra espontaneidad. Gracias.

Gracias a usted amigo televidente. Ha llegado el momento de escuchar a quienes nos hacen posible llegar a sus hogares. En breve regresamos.

“Los mejores casinos del país. American Enterteiment, la manera más divertida de pasar la noche. American Enterteiment es igual a relax y quizás, hasta la más grande de las fortunas.”

De regreso a nuestros estudios. Ingeniera Ceballos, ¿gringada o patriotismo?

Ante todo, buenas noche amigo Ovalle y gracias por invitarme a este prestigioso foro. Si bien es cierto que la legislación vigente en nuestro país no permite otro uso de la bandera que el de representar con sus colores a la nación en lugares y actos oficiales, también es cierto que lo actuado por la policía sólo puede ser calificado de exabrupto. El muchacho involucrado no tenía por que ser desnudado ni exhibido en plena vía pública. En la escuela secundaria, luego en la Universidad, me dejé guiar por un axioma que me resultó siempre muy útil: entre más incapaz es un profesor, más estricto y celoso suele ser para que se cumpla la disciplina y el orden, aunque el despliegue de orden y disciplina se verifique en verdaderas idioteces. ¡En la Universidad algunos fueron solemnemente maniáticos en lo de la Lista de Asistencia! ¡En la Universidad te regañaban si no entregabas un trabajo o perdían la paciencia con gente que, como yo, escribía con tinta roja! Nuestro Jefe de Policía parece que sufre del mismo trastorno de compensación: lo que Natura no da, Torquemada sí presta. A él no le preocupa con exageración que lo recuerden como el impulsador del nuevo sistema de seguridad pública panameña; ni lo desvela mucho la idea de pelearse a dentelladas con el Consejo de Gabinete por un mayor presupuesto; ahí sólo tendría que cuidarse de la Vasta Primera Dama. No, su apoteosis será el fiel cumplimiento del Decreto Tricolor, mediante el cual se penaliza el uso inadecuado de los emblemas patrios. Entiendo que algún ministro propondrá un decreto similar, penalizando el mal uso en territorio panameño…de la bandera de Estados Unidos.

Gracias Ingeniera. Enseguida, paso a los televidentes. Desde Betania, adelante.

Aló, aló…

Adelante, la escuchamos…

Buenas. Pienso que depende de las razones por las cuales la persona lleva tal atuendo. Si el motivo es exaltar los valores patrios, Ok, podemos darle un par de puntos. Si es sólo porque los colores combinan con un buen jeans, entonces estamos mal. Cierto que los gringos utilizan la bandera hasta en los calzoncillos, pero en realidad su patriotismo se fundamenta en el número de guerras peleadas y en la cantidad de cohetes quemados el 4 de julio. Generalmente, los americanos se molestan por el trato dado a su bandera; cuando ven a un grupo de protestantes quemarla, lo más probable es que se enojen y así tienen la excusa para no darle una respuesta a los manifestantes. Usar los colores patrios enaltece nuestras raíces. Nuestro sistema educativo nos enseña, por lo menos a mí me enseñó, un profundo amor a la nación. Aún recuerdo lo que sentí cuando vi la Bandera Nacional ondear sola en el Administreichon Bilding de la Pancanal Comichon; todavía se me eriza la piel al recordar ese momento. Jamás en mi vida había cantado nuestro Himno Nacional con tanto pulmón y lágrimas en los ojos. Ese día más que nunca me sentí honrada de ser panameña y hubiese dado cualquier cosa por llevar puesto nuestro emblema patrio. Ahora bien, hay que tomar en cuenta que las generaciones futuras, no tendrán la base nacionalista porque no sufrieron que un MP te parara y te impidiera el paso en la Zona. Ellos no sabrán lo que se siente ser extranjero en su propio territorio. Por eso debemos mantener el respeto a nuestro emblema patrio que sólo debe estar en lugares preferenciales, y ser visto en su esplendor, pero sobre todo con el respeto que se merece. Gracias y buenas noches.

De inmediato damos paso a otro televidente. Adelante Pacora.

Me parece que se debe defender nuestras raíces, nuestra identidad sin caer en falsos nacionalismos. Mejor pensar en hacerle el amor al mundo, por lo menos mentalmente. Un abrazo.

Muy interesante las opiniones de los oyentes. Licenciado Alvarado, ¿el irrespeto a la bandera justifica el irrespeto al individuo?

Por supuesto que no. Pero la patria merece respeto y también amor. Vestirme con los símbolos patrios, me parece una fantochada y no una demostración de orgullo y amor por la patria.  El verdadero amor por la patria excluye los deseos de lucirme a costa de sus colores. Si tanto amor le tienen a la bandera, ¿Por qué permiten que en los lugares públicos flamee rasgada o sucia o dejan que se moje? ¿Por qué juran amarla, respetarla y defenderla como símbolo sagrado de nuestra nación para luego incumplirle?

Tenemos nuestra siguiente llamada. Adelante desde Parque Lefevre.

¡Cien por ciento de acuerdo con usar la bandera en la ropa! Si imitamos a los gringos en tantas cosas malas, ¿Por qué no en lo bueno? Que la gente quiera andar con la bandera en el pecho, en el carro, en su cabeza, en donde quiera, me parece excelente. Antes, perdón por la yeyesada, pero es real, usar la bandera de Panamá era maleantoso. Ahora es hat y eso es rareza.

Otra llamada. Desde Santa Ana, adelante.

Hola, hola, ¿me escuchan?…

Por favor baje el volumen de su televisor que no lo escuchamos bien. Ahora sí, hable.

Creo que la gente está desenfocada con eso de la bandera y la ropa. Con razón ni nos conocen en el mundo. Cuando viajo me preguntan si somos un puerto o una zona franca y sin mentirte, hasta me han preguntado: “¿Ah eres del Canal de Panamá?”. Unos italianos en Cuba me dijeron: “Panamá queda cerca de Costa Rica, ¿verdad?” Me dio coraje, conocían ese pueblón vaquero y no el puente del mundo. Y es que los huevones ticos llevan sus t-shirts patrios por todas partes y no hay turista al que no les vendan esos suéteres de su bandera con ese dibujo de los pericos pendejos. No creas que no gusto de los ticos, es sólo un ejemplo. Aunque siempre estaré defraudada por el robo de Coto. Claro que fue con la ayuda de los gringos. Ni módulo… dijo el astronauta. Chao.

Señores televidentes, moderación por favor. El pueblo costarricense merece todo nuestro respeto y no podemos aplaudir que se expresen de ellos en tono denigrante. Antes de darle la palabra a la Ingeniera Ceballos, otra llamada. Adelante Chilibre.

A mí la verdad no me parece una falta de respeto usar los colores de la bandera o la bandera en sí como prenda de vestir. Total, ya otros han hecho con el país peores cosas…

Ingeniera.

Permítame insistir en el papel del Jefe de Policía. Todos recordamos, sin mucho entusiasmo, que hace como un año buena parte de nuestra población sufrió un caso severo de alucinación colectiva: veía a Panamá clasificada para el próximo Mundial de fútbol; la llamada Marea Roja. En los juegos que se sufrieron en el Estadio Rommel Fernández, del cual dirán lo que quieran, pero nadie negará lo bien habilitado que está para la explotación de arroz en fangueo, era bastante común ver jovencitos y jovencitas con la bandera panameña pintada en sus sudorosas caras. Por fortuna, al Director del Instituto Nacional de Deportes no se le ocurrió prohibir el asunto argumentando que era un irrespeto que nuestra enseña patria ocupara el mismo espacio que el acné de la jovencita o que una de las orejas del jovencito colindara con impudicia con una de nuestras emblemáticas estrellas. Es obvio que el Jefe de la Seguridad Pública no se percató del asunto, a Dios gracias. Por favor, ¿a qué es lo que le teme? Me imagino que a lo mismo que recelan la Santa Sede y los más recalcitrantes Académicos de la Lengua: temen que el uso y la costumbre se impongan sobre lo normado. Por ejemplo, si seguimos pintándonos banderas en nuestras caras, de aquí a un par de decenas de años es posible que las estrellas sean substituidas por orejas; por cierto, sería un excelente emblema para cualquier Servicio de Inteligencia. No te rías Ovalle, pero ¿verdad que suena ridículo? El Decreto Tricolor, firmado y promulgado por el Ministro de Gobierno y Justicia, quien a la sazón ni siquiera se deja ver, prohíbe que las bandas toquen tonadas que no sean nacionalistas o marciales. ¡Claro, como tenemos una tradición militar que nadie discute: ¡Esparta, Prusia y Panamá, la trilogía de la guerra! ¿Y qué es música nacionalista? ¿Mariana Soba o La cabalgata de las Walkirias? ¿Qué es más panameño, el ritmo lúdico o el marcial? ¿El meneo de caderas o el paso de ganso?

Gracias Ingeniera. Damos paso a otro televidente. Pedregal, adelante.

Estoy de acuerdo con la Ingeniera. Además, que los gringos usen su bandera en camisetas no significa que sea una costumbre que hay que arrogársela necesariamente a ellos, ¿o sí?

Momento para una pausa. Regresamos enseguida.

“CRAYSY COLA, LA BEBIDA QUE TE PONE EN ONDA, PARA EL CALOR NADA HAY COMO CRAYSY COLA.”

De regreso y de inmediato paso a un televidente. Adelante Samaria.

Hola, hola, buenas noches, la verdad estoy de acuerdo con el señor. Eso de estar vistiéndose de bandera es una soberana pendejada.

Pedimos nuevamente a los televidentes controlar su vocabulario. Tenemos otra llamada desde San Joaquín.

A mí esa fiesta del jalowín no me gusta, no le veo ná. La fiesta gringa que a mí sí me gusta es esa de tansguívin. Esa sí que es una fiesta prity. Yo tenía un amigo solda’o, que siempre me invitaba a la fiesta de tansguívin en su casa. Yo siempre iba, porque esa fiesta sí me gusta, es muy bonita y ta en sontin. Tú llegabas a la casa, ahí ´taba la familia reunida y ahí mismo, en la sala, había como tres culers llenos de cervezas bien frías…Ahora se fueron los soldaos y se acabó el tansguívin. ¡Ey, man! ¡Qué regresen los soldaos!

¿Alguna idea de sobre qué está hablando el televidente? Licenciado Alvarado.

Ovalle, no sé exactamente las intenciones del señor televidente, pero te puedo decir que él, al ir a una fiesta gringa estaba cumpliendo con uno de nuestros más caros atributos: el fiestar, sobre todo si no nos cuesta. Iba al “tansguívin” como los jóvenes de antes íbamos a los naitafones. En fin, regresando al tema original, lo que motiva lucir como prenda de vestir una bandera, panameña o estadounidense, no es amor a la patria si no ganas de tener el más lucido vestido de fiesta. ¿Y eso no es vanidad?

Tenemos pendiente un cambio comercial. Ya regresamos.

“spice chiken, la más deliciosa comida. no hay hambre que la resista.”

De vuelta con las dos últimas llamadas. Primero, Juan Díaz.

La ropa con banderas gringas está de moda desde antes de la catástrofe del 11 de setiembre, pero ese hecho disparó las ventas una barbaridad. Hay bastantes jovencitas con topcitos con la bandera de Estados Unidos en sus pechos. A mí, en lo particular, me resulta tremendamente desagradable, y confieso que mi libido ni se da por aludido al ver a las jóvenes portaestandartes. Pero no se me ocurriría regular el uso de esas prendas de vestir en beneficio de nuestro nacionalismo. Si tuviera una hija creo que ella no la usaría, pero no porque yo lo haya decretado, sino porque a lo largo de los años se habría formado en un ambiente en donde no se le ocurriría siquiera lucir una bandera que no fuera la suya. Creo que un porcentaje significativo de las muchachas que lucen las barras y las estrellas en sus tórax, no lo hacen porque adoren a los gringos ni porque sientan solidaridad por las víctimas del 11 de septiembre. Sencillamente está de moda. Algunos jóvenes góticos se visten de pardo y de negro y usan cadenas gruesísimas en sus frágiles muñecas y escuchan música tranz en sus reiv partis, no porque sean inadaptados o neofascistas, ni siquiera porque anhelen vibrar con el Éxtasis: Sencillamente está de moda. Me pregunto cuántos conductores que colocan banderas en sus autos lo hacen por nacionalismo, por un auténtico orgullo de ser panameños.

Gracias al televidente participante. Ahora, la última llamada desde La Chorrera.

Para mí no tiene ninguna importancia si se pintan el cabello de rojo, blanco y azul o si se venden bikinis con los colores de la bandera. Mejor harían el Ministro de Gobierno y Justicia y el Jefe de la Policía en solicitar al Ministro de Educación que promueva una enseñanza en Historia Nacional que no sea una repetición autista de fechas y nombres. Ellos deben preocuparse por la educación, ya que están en condiciones de tomar decisiones, de hacer historia. Y los profesores, en hacerse historia, buena historia, en la mente de los estudiantes.

Para concluir, Ingeniera Ceballos.

La primera semana de noviembre la pasé dictando un seminario internacional. Hubo hombres y mujeres de doce países diferentes. Salieron el 3 y el 4 a ver los desfiles patrios y estaban fascinadas y fascinados por el colorido, la cantidad de gente y el ambiente de fiestas. Algunas me decían que nunca habían visto algo así, e incluso, un par de guatemaltecos compraron camisetas con la bandera panameña al frente, en la noche fueron al Cosita Buena para completar la ración de panameñidad. Decían, “qué bonita es la bandera panameña, cómo me gusta la música panameña”. Están gratamente impresionados con el carácter tan abierto de los panameños, de nuestros mares, de nuestra cocina, de nuestra etnodiversidad. Yo me pongo pechona cuando escucho esos comentarios, y eso me cura de los suéteres con banderas gringas y de Ministros y Jefes de Policía con sobredosis de bandera panameña.

Licenciado Alvarado, su turno.

La bandera hay que amarla y amarla significa respetarla. Recordemos los acontecimientos del 4 de noviembre. Un joven vestido con un suéter cuyos colores y diseño eran los de la bandera nacional es detenido por agentes de policía; el muchacho opuso resistencia al arresto y en un intercambio de empujones la prenda de vestir fue rasgada y el reo quedó medio desnudo en mitad del desfile, lo cual provocó un motín callejero. El oficial a cargo, al ser interrogado, confesó seguir órdenes expresas que le indicaban arrestar a cualquier infractor del Decreto Tricolor; luego el Jefe de la Policía añadió que estuvo muy bien que le desgarraran la prenda de ropa. Abuso policíaco, puede ser. Pero no podemos olvidar lo que las cámaras de esta televisora presentaron a todo el país; el susodicho joven sobre su tetilla izquierda, muy cerca del corazón, tenía tatuada una bandera de los Estados Unidos de América. Entonces, ¿de qué amor a qué patria estamos hablando?

Hasta aquí su programa punto de encuentros. Se despide de ustedes su amigo de siempre Franklin Ovalle, no sin antes sembrar la siguiente inquietud: vestirse con los colores de la bandera, ¿gringada o patriotismo?