Descarga de Luciérnagas en abril, de Henry A. Petrie

Crimen en paralelo

Al barrio llegaron los zombis
y quemaron la casa de los colchones;

el llanto apagó en algún momento,
confundiéndose con el fuego;

se desagarraron las almas
y el grito no alcanzó el cielo humeante.

Sobre la calle los cuerpos calcinados
de infantes que despertaron para dormir.

En bunker genocida El Carmen,
sus niños degustaron chocolates,

se recrearon con vídeos, y luego,
pidieron paseo en camionetas Hilux.


Firulais, el pacífico

Perro no tenía nombre
o quizá muchos por donde anduviera,
cada gente en distintos puntos,
un nombre cambiante, en las calles
y barrios de todas las ciudades.

Ahí se andaba rebuscando comida
y el rincón para echarse,
vigilantes del sonido y la sombra.

Perro supo de la protesta,
la insurrección desarmada,
y se fue con los muchachos,
las luciérnagas en abril,
a los tranques y barricadas,
en carreras y saltos
al son de morteros y entre tonos
de gritos de batalla,
la gritería del cachimbeo:

¡De que se van, se van!

Y perro responde juguetón,
sus misiones lo hacen feliz
con pañoleta azul y blanco al cuello,
siempre en el grupo, al lado de todos,
escapando de los disparos y llorando
callado, sin entender el crimen,
la muerte instalada en Nicaragua.

A perro lo nombraron Firulais.

Macabro

I

En Nicaragua,
Ortega mata, mata y mata,
la frescura del tiempo
y destroza en su aborto,
el vientre de las madres.

II

Harto de su tiniebla,
Ortega chupa, chupa y chupa,
como un Drácula emborrachado,
el sueño de Nicaragua.