Jul 13 2018

Más poemas de Luciérnagas en abril

Henry A. Petrie

Pululación

Tras cada luciérnaga apagada,
luces se multiplican en el campo.

Desde el fondo oscuro, la claridad.

Gestación festiva

En la cima de Masaya, Monimbó.
Sus marimbas suenan avalancha,
coraje que vence a la guadaña.

Su llanto es el grito Nicaragua,
por los sueños arrancados con odio,
es la sentencia al chacal,
el anuncio explosivo, la sangre
que ensancha las venas artesanas.

Las flores se entristecen, pero no marchitan,
polinizan arrojo y valentía ancestro, y
de la destrucción tirana que gobierna
se eleva el ingenio en barricadas.

Con la determinación de la piedra
y el mortero acústico, manos y brazos
diseñan nueva festividad popular.

Y será,
cuando los ahuizotes en algarabía,
tras la vela del candil, juzguen y condenen
con la vara autóctona y el son del atabal,
a criminales y corruptos, mala estirpe
nacida del piojo y la garrapata.

Esplendores de amor

El amor profundo y sin ancla:

La anciana aguadora calmando sed,
la otra con el adoquín para levantar barricada
y la que dijo bajo balas el treinta de mayo:
«Yo voy a estar con mis muchachos»;

la legión de Hipócrates reteniendo la sangre,
avivando la vida, enfrentando a la muerte;
desprendimiento y entrega es graduación,
dignidad del galeno frente a la ignominia;

los niños hijos de la aurora nacidos en abril,
recién salidos del capullo cálido de la madre,
entregaron inocencia con la fuerza de Leónidas
frente al déspota y pérfido Jerjes;

la juventud irreverente que a pecho desnudo
se aventó sin miedo a la fiera rabiosa,
hasta el más fresco de los sacrificios;

los campesinos en sus tranques, dejaron atrás
sus tierras y labranzas, por la cosecha alegre
lejos de Ítaca y tan cerca del esplendor.