Jun 07 2018

Agujeros negros

Helena Cristina Medina Bertrand

Stephen Hawkins en los años 70 definió que los agujeros negros son estrellas muertas, cuerpos sin luz que succionan la energía del universo, su vasta gravedad hace distorsionar el cronotopo del universo. NADA de lo que está cerca de ellos puede escapar, ninguna partícula de materia ni luz, la alta capacidad de succión es incalculable, dado que su cuerpo celeste está rodeado por una frontera esférica, llamada “horizonte de sucesos”, lo único que puede ocurrir, una vez pasada la frontera, es el de seguir cayendo en el agujero, ya que no hay velocidad posible suficientemente grande como para escapar de la atracción gravitatoria, ni siquiera a la velocidad de la luz se puede escapar (Aproximadamente 300.000 kilómetros por segundo).

Es una pena que el Universo, lleno de belleza y majestuosidad tenga la presencia de agujeros negros. El consuelo es que éstos cuerpos también mueren, cuando la energía que está a su alrededor se va disipando, pierden también la masa. El agujero negro se encoge y pierde peso, hasta que explota y se destruye.

Igual pasa en este pequeño planeta, dentro de las naciones, gobernantes que simulan ser agujeros negros, estrellas sin brillo, que devoran lo que a su paso se encuentra: no lunas, no constelaciones, no cometas; sino esperanzas, sueños, vidas… tal es el caso en Nicaragua, la familia Ortega que ha succionado como sanguijuela la esperanza y la libertad de los nicaragüenses, agujeros negros súper masivos que llevan consigo el flagelo del infortunio y la desventura…

Con adaptación del verso digo con voz florida y pujante:

…esa Nicaragua
que tiembla de huracanes y que vive de amor,
hombres de sangre indígena y alma bárbara, vive.
Y sueña. Y ama, y vibra, y es la hija del Sol.

Tened cuidado. ¡Vive la Nicaragua Chorotega!
Hay mil cachorros sueltos del Jaguar de Pablo Antonio Cuadra.
Se necesitaría, familia Ortega, por Dios mismo,
más que ensalmos y conjuros, colores y árboles
para poder tenernos en vuestras férreas garras.

Y, pues contáis con todo, pero les falta una cosa: ¡Dios!

Que al igual que nosotros

espera el momento ¡que explotes y mueras!