Tres prosemas de Rita Lucía Gutiérrez Vega

Aquella noche

En el cuarto matrimonial de un hotel.

Luz tenue y excitante. Cuerpos jóvenes se derraman, ardientes, deseosos. Entre caricias y besos se hacían el amor como bestias furtivas. Lenguas-salivas. Unidos los sexos con pasión magnéticas. ¡Ahhh! Sí, sí, sí… Sin amor. El disfrute de cada pliegue de la piel poseída. Las texturas, los aromas, la excitación derrochada. Miradas y roces, sensuales. Cada espacio de piel besado, mordido, entregado y recibido –sin condiciones-.

En el cuarto matrimonial de aquel hotel, la luz tenue se derrama sobre los mismos cuerpos en la cama, marchitos. Setenta años después, los recuerdos pasan revista… Nadie sabe nada hasta que lo siente… ¡Muahhh, mi amor! Le dice ella antes de quitarse las chapas dentales.

Lo hago porque pienso en ti

Cierro los ojos y escucho el suave viento que besa mi tacto. Parpadeo y lo admiro con devoción, en nombre de los que ya no miran, de los que ya no sienten. Empujo la puerta y abro los ojos, te observo inquebrantable, como estatua tallada a mi perfección. Conjeturando lo que sabes hacer, sonrío en silencio. Respiro hondo. Cierro de nuevo los ojos, y deseo besarte. Estás a diez centímetros para tocarte, pasión secreta. Mis sentidos giran, se contrae y expande mi estómago, tengo un nudo en la fuerza de mi voluntad. Dudo comprarte, ya nadie te mira, mi perfecto ser de mentiras, mi hermoso hombre maniquí.

Recuerda vivir

Breve, intenso, efusivo, inminente. Me abrazaste atrevido y arrogante. Rodeaste mi cuello con tus mulatas manos, acariciaste mis cabellos castaños, besaste mi tímido, pero ardiente rostro con insistencia efímera.

Aquella tarde de verano, el sol sonrojado se ocultó deslizándose entre copas de árboles, mientras un aire fresco roció nuestros labios, cansados de fingir. Te mordí repetidas veces, nos besamos y descendió susceptible la brisa sobre nuestros cuerpos apasionados; en francos deseos caímos jadeantes al suelo, rodamos abrazados sobre la hierba y tierra mojada.

En rotundo silencio nos amamos, fue la vez primera a los quince, oliendo a naturaleza. Pero de eso hace tanto ya… de mis manos huyó el tacto, desde tu partida.