May 05 2018

El secreto de las reses

Por: Reina Tamara Ríos Suárez

Tendidas bajo el inclemente sol yacían setenta y cuatro reses, inmóviles en el pasto seco de occidente. De manera telepática, coincidieron en dormir por el día hasta caer la noche fresca, solo se levantaban para tomar agua y arrancar hojas de tigüilotes de las cercas.

Así pasaron algunos meses. Su dueño las creía muertas cuando, al amanecer, miraba rígidas sus patas. Pero, lo raro era que no hedían ni aparecían las aves de rapiña. Ante tal acontecimiento, llegaron los reporteros del noticiero nacional de la una de la tarde, filmaron la alfombra de ganado tendido e inerte, parecía una obra de hipnosis o conjuro espiritista.

Cuando los estudiantes de veterinaria y agronomía supieron la noticia, llegaron al lugar y no salían de su asombro. Tomaron fotos y difundieron la noticia por You Tube, Facebook y hasta las enviaron al National Geografic. Tiempo después fue perdiendo interés.

El invierno llegó y con éste las lluvias torrenciales. Los potreros se tupieron de pasto jugoso. Las reses, telepáticamente, cambiaron su rutina; abandonaron su dieta de hojas de tigüilote por pasto húmedo.

Tremendo fue el susto del dueño cuando observó que sus reses, además de estar en pie, estaban gordas y paridas. La avaricia se apoderó de él y de inmediato, llamó al programa, Aunque usted no lo crea, de Replay.

El mismo día llegaron a filmar las «reses durmientes». Y a la mañana siguiente, la sorpresa fue mayor cuando probaron y comprobaron que la leche que producían era condensada y evaporada. Se preguntaban cuál sería el secreto.

En la mesa científica se debatieron diversas teorías sin éxito. Hasta que el más viejo de la comunidad, al ser entrevistado, dijo a los estudiantes que lo sucedido a dichas reses tenía una explicación sencilla: «Mucho sol y muchas hojas de tigüilotes, muchachos».