Mirando el péndulo

(Cuento que integra el libro Obed y otros cuentos)

Por: Alberto Juárez Vivas

Las horas pasaban como cansadas. Ningún niño en los pasillos. Todos estaban recluidos en sus aulas, desde el primero hasta el sexto grado. Solo se escuchaban murmullos y la tiza, cuando se deslizaba en el pizarrón o las palabras de algún maestro cuando explicaba.

En el aula de segundo grado se encontraba Derek, nuestro personaje. Un niño que ese día se encontraba muy silencioso y extraño, la mirada fija en el reloj de pared redondo, que colgaba arriba del pizarrón. La maestra hablaba y hablaba, pero Derek estaba ausente de todo y de todos, su inmovilidad era perceptible. La maestra paso a un alumno a la pizarra y luego a otro y a otro y así sucesivamente, mientras los minutos parecían no moverse de su sitio. Y Derek comenzó más impaciente a dedear la paleta de su pupitre, daba la sensación que todos ignoraban.

Toda su atención estaba en el reloj, y rara vez mirada fugaz a su compañerita de al lado. La maestra miro su reloj de pulsera y luego comparó la hora con el que colgaba en la pared del aula. Derek observaba el péndulo. De `pronto sintió que su mano se estiraba, se alargaba hasta sujetarse de aquel segundero lento y que tictagueante, iba cerrando otro ciclo. Poco a poco se acercaba al mismo número, al número consentido, las nueve, el número del jolgorio. Y Derek cabeceaba breve, lento, cuando de pronto irrumpió un sonido desafinado y metálico que penetró en el aula y rebotó en las paredes. Era el timbre de la escuela, anunciando el recreo. Derek dio un salto al frente, y fue el primero en salir a los pasillos. Llevaba tanta prisa que chocó con todo el que encontró a su paso. De un fuerte empujón abrió la puerta de aquel baño de madera y de varones, y cuando rápidamente iba a bajarse los pantalones, todo se había consumado.

Lo que venía en adelante era inevitable. Decidió no salir del baño. Pensó en quedarse encerrado. No podía soportar la burla de sus compañeros, cuando descubrieran que su amiguito imaginario… había… ensuciado sus calzones.