Hacia La Unión, donde Urania, relato de Henry A. Petrie

Cuando llegué a la Terminal de El Mayoreo, el bus tenía su motor encendido. Ahí me voy, dije, entusiasmado por cumplir una misión más. Al entrar, busqué un asiento del centro que, más o menos, luciera cómodo, pese a que se trataba de un bus rutero, para nada parecido a los que viajan hacia Estelí, Ocotal o Jalapa. A las tres y treinta de la madrugada, arrancó con el sonido escandaloso de su claxon. Según el cobrador, a las diez de la mañana arrimaríamos a Nueva Guinea, después de haber recorrido 282 kilómetros.

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